Además de una de las mejores bandas sonoras del cine, Master and Commander (Peter Weir, 2003) tiene una escena argumentalmente rica y llena de significado.

Sucede que cuando el galeón Surprise, persiguiendo al buque francés Acheron, se topa con las Islas Galápagos, el científico-médico de a bordo le ruega al capitán atracar allí un par de días para recoger muestras de las nuevas especies. Pero su labor de investigación se ve interrumpida al descubrir oculto en una cala al Acheron. La obsesión del capitán por alcanzarlo prevaleció sobre la promesa que le hizo al médico, y levaron anclas porque donde hay capitán no manda científico.

He ahí la dicotomía entre un hombre de paz y un hombre que necesita la guerra para encontrar su paz. Fernando es de los primeros.

Fernando descendía cada mañana a sus Islas Galápagos a recoger sus muestras, a encontrarse con sus alumnos y enseñarles las diferentes formas que puede tomar la vida. Y desde allí, desde la costa, él contemplaba impasible la lucha del Surprise contra el Acheron sin entender nada, porque aquella simplemente no era su guerra.

De esta forma, nunca se ha visto en Fernando un mal gesto hacia nadie. Nunca una mala palabra. Sólo paciencia, sosiego, trabajo silencioso y sin pretensiones. Amable por naturaleza, su mayor gesto de picardía consiste en mirar por encima de las gafas y torcer un poco la sonrisa, con la elegancia del mismísimo Gregory Peck.

Fernando se jubila, perdemos todos: los presentes y los futuros. Deja en el Joaquín Sama todo un rastro de profesionalidad y saber estar porque es un docente que ama y hace amar su materia, que es lo mejor que se puede decir de un docente. Y es un hombre sensato y fiel a sus principios, que es lo mejor que se puede decir de un hombre.

Aprovecha para descansar Fernando, disfruta de tu campo y de tu familia y de tus estrellas y de tus bichos con la tranquilidad de haber enseñado tanto (y a tantos) y con el orgullo de haber dejado en todos nosotros una huella indeleble.

 

 J.Escalona